Brenda Garcia Muiños

Lo que no se habla
no desaparece.
Se queda adentro.

"Universo, si alguien tiene que morir,
que sea yo,
y no alguno de mis seres amados."

Acompañamiento humano para quienes atraviesan pérdidas y quieren transitarlas acompañados.

¿Cuándo fue la última vez que te permitiste
sentir de verdad?

Tal vez perdiste a alguien y te dijeron que había que ser fuerte. Que el tiempo lo cura todo. Que había que seguir.
Tal vez te jubilaste, te separaste, dejaste un país y sentiste un vacío que no sabías cómo nombrarlo. Porque nadie te dijo que eso también era un duelo.
Tal vez tu empresa atravesó una crisis, un accidente, una muerte y todos volvieron al trabajo como si nada. Porque no había espacio para el dolor.
Tal vez simplemente sentís que algo falta. Que algo se fue. Y no sabés cómo encontrar el camino de vuelta a vos.
Brenda Garcia Muiños

"Solo cuando la vida y la muerte
se dan la mano
puede continuar la historia."

— Delphine Horvilleur

Ignorar la muerte no la aleja. Solo nos deja sin herramientas cuando llega. Integrarla, en cambio, es lo que permite que las personas y los equipos sigan escribiendo su historia.

La pregunta no es cuándo vas a estar bien.
La pregunta es: ¿estás dispuesto
a dejar de huirle a lo que sentís?

Mi historia · Tu historia

De niña le pedía cada noche al universo
que, si alguien tenía que morir,
que fuera yo y no alguno de mis seres amados.

Esa fue mi primera relación con la muerte: el terror. El silencio. La evitación. Pero con el tiempo llegaron pérdidas que me fueron moldeando de formas que entonces no podía ver.

Vivimos duelando. Muchas personas sienten ese peso sin poder nombrarlo. Sienten que algo se rompió, que algo se fue, que algo no debería doler tanto. Aprendí que ese dolor no es una señal de debilidad. Es una señal de que amamos. Y que merece ser acompañado.

Llegando a mi adolescencia atravesé varios duelos casi en simultáneo: muertes de seres queridos y otras pérdidas que dolieron de formas distintas y que llegaron sin que nadie me hubiera preparado para recibirlas. Viví de cerca el dolor mío y de personas que amaba. Sentí esa sensación de querer sostener a alguien sin saber cómo. Hoy puedo comprender algo que en ese momento no sabía: que el duelo no ocurre solo cuando alguien muere. Es todo lo que perdés a lo largo de la vida. Un vínculo que se rompe. Un hogar que cambia. Una identidad que ya no encaja. Una etapa que termina. Hay pérdidas que no tienen funeral, que nadie reconoce, que a veces ni siquiera sabés nombrar. Y sin embargo, duelen igual.

En esa etapa, el dolor encontró un camino en mi cuerpo. Buscaba, quizás, controlar lo único que sentía que podía controlar, cuando todo a mi alrededor se desordenaba.

Fue entonces cuando encontré mi refugio: los libros. La lectura se convirtió en el lugar donde el dolor se transformaba, donde las preguntas encontraban al menos compañía, aunque no siempre respuesta. Leía sobre la vida, sobre la muerte, sobre lo que puede o no haber más allá.

El origen de todo · La pregunta que no me dejaba

Desde adolescente sentí que la muerte
no era el final de la historia.
Era la pregunta más importante
que nadie se animaba a hacer.

Mientras otros esquivaban el tema, yo lo buscaba. En los libros, en la metafísica, en las tradiciones espirituales. Quería entender qué hay más allá. Qué pasa con lo que fuimos. Adónde va el amor cuando la persona no está.

Era la misma pregunta que se han hecho los filósofos, los chamanes, los poetas y los físicos cuánticos a lo largo de toda la historia humana: ¿qué somos cuando dejamos de ser?

Hoy esa curiosidad no desapareció. Se integró. Se convirtió en parte de mi manera de acompañar: desde un lugar que no le teme a las preguntas grandes, que no busca imponer respuestas y que acompaña desde las creencias de cada persona, no desde las mías.

No podemos seguir educando
de espaldas a la muerte.

No se trata de superar el duelo.
Se trata de integrarlo.

01

Duelo por pérdida de un ser querido

Acompañamiento individual para transitar el dolor de la muerte con presencia real, sin apuro y sin fórmulas vacías.

02

Duelo post jubilación y retiro anticipado

Acompañamiento en esa transición profunda donde se pierde una identidad entera. Descubrí que es un duelo muy doloroso que se vive en mucha soledad, porque nadie lo nombra como pérdida. Acompaño tanto el dolor de lo que se fue como el proceso de reinvención de lo que viene.

¿Pertenecés a una empresa u organización?

Intervenciones para empresas →
Brenda Garcia Muiños
Tanatología y cuidados paliativos Especialista en procesos de duelo Psicología social Coaching Ciencia Política

Cuando me preguntan por qué elegí esto, no tengo una sola respuesta. Tengo muchas. Y todas llegaron sin que yo las buscara del todo; más bien las fui encontrando mientras vivía.

Hay algo que sé con certeza: quería aprender a integrar la muerte en mi propia vida. No sobrevivirla. No ignorarla. Integrarla. Que dejara de ser ese fantasma que me robaba el sueño de niña y se convirtiera en algo que pudiera mirar de frente.

Y también quería eso para mis hijos. Quería que crecieran sabiendo que la muerte no es el opuesto de la vida, es parte de ella. Que aprendieran a nombrarla, a no temerle, a despedir con amor en lugar de con pánico.

Me trajo hasta acá la curiosidad, sí. Y los libros. Y los países. Y el dolor propio. Y las preguntas que no tienen respuesta fácil. Llegué a este camino desde muchos lugares a la vez. Incluyendo este: soy alguien que vive la vida con intensidad, que conecta mundos, personas, saberes, culturas. Que no sabe estar a medias. Y que aprendió que esa misma intensidad con la que vivo es la que me permite estar de verdad cuando alguien más necesita ser sostenido.

No elegí esto a pesar del miedo que tuve.
Lo elegí gracias a él.

Hay algo que aprendí con certeza:
la muerte nos recuerda que la vida es ahora.
Y que la única forma de honrarla
es haber vivido de verdad.

Integrar la muerte no es resignarse.
Es aprender a vivir más plenamente,
con todo lo que somos,
incluidas nuestras pérdidas.

"Vive las preguntas ahora. Quizás algún día lejano entres en las respuestas sin darte cuenta."
— Rainer Maria Rilke

No podemos seguir educando
de espaldas a la muerte.

Lo que suelen
preguntarme.

¿Trabajás de forma online o presencial?

Trabajo de las dos formas. Acompaño procesos de personas en diferentes partes del mundo de manera online, y de forma presencial en Lima.

¿Cuánto dura una sesión?

Las sesiones duran entre 45 minutos y 1 hora 15, según las necesidades de cada persona y el momento del proceso.

¿Cuántas sesiones se necesitan?

No hay una respuesta única. Cada proceso es distinto. Trabajamos juntos el tiempo que sea necesario, sin fórmulas ni plazos predefinidos.

¿Necesito estar muy mal para buscar acompañamiento?

No. El dolor no necesita justificarse ni tener un tamaño determinado para merecer ser acompañado. Si algo duele, es suficiente razón para estar acá.

¿Qué pasa en la primera sesión?

Es un espacio para conocernos, entender el momento que estás atravesando y evaluar si puedo ayudarte en tu proceso.

¿Acompañás solo duelos por muerte?

No. Acompaño todo tipo de pérdidas significativas — muertes, separaciones, migraciones, jubilaciones, diagnósticos — y también momentos de transición y cambio vital: cambios de profesión, reinvenciones personales, etapas que terminan y nuevas que todavía no encontraron su forma. Si algo duele o algo está cambiando profundamente, hay un lugar para acompañarlo.

Solo necesitás dar el primer paso.
Escribime.

O escribime por WhatsApp →